El pasado balneario de Gijón: baños de mar y palafitos

Una de las cosas que más me sorprendía de pequeño era oír a mi abuela decir que en Gijón tuvimos balnearios. No podía imaginarme un enorme edificio en medio del Naútico, junto a las termas romanas o, en cambio, frente a la Cuesta del Cholo con esas características. Pero sí, Gijón ha tenido un pasado balneario. ¿Quieres descubrirlo conmigo? Recoge tu Mochila de Cromo porque comenzamos… ¡ya!

Hace unos años, con motivo del Festival Arcu Atlánticu, se presentó una interesante exposición con fotografías y postales sobre la tradición balnearia en los diferentes países que ocupan el Arco Atlántico: Francia, Gran Bretaña, Irlanda y España. Aquella exposición me pareció muy interesante ya que presentaba a tod@s l@s gijoneses un pasado reciente que muy pocos conocen y que nuestros mayores recuerdan entre suspiros. Gijón, al igual que Brighton, San Sebastián o Dinard, ha tenido varios balnearios situados en sus dos principales playas, siendo referente turístico a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Como en su momento me llamó mucho la atención, he decidido buscar información, fotografías y traeros, hoy, una parte olvidada de mi ciudad: el Gijón burgués de los baños de mar.

Los baños de mar: la tradición de la talasoterapia

Uno de los secretos mejor guardados de la burguesía de finales del siglo XIX era, precisamente, su fascinación por los baños de mar. Baños que debían comenzar en un día impar y que se prologaban durante nueve días y donde los balnearios de toda la región atlántica cobraban un especial protagonismo con una atmósfera de ostentación y lujo. En su interior, los clientes disponían de salas de reposo donde esperar a estar completamente relajados para comenzar sus sesiones de talasoterapia y poder, por otro lado, relacionarse con otros usuarios.

Debemos tener en cuenta que, en aquella época, escaseaban las viviendas que dispusieran de agua corriente por lo que los baños de mar podrían completarse con otros sulfurosos, de algas o los que se conocían de placer (con agua corriente).

Y, como os digo, si bien Gijón no alcanzó la popularidad de balnearios ingleses o franceses, la capital de la Costa Verde ha tenido un pasado relacionado con la talasoterapia que os invito a conocer. ¿Os habéis puesto ya el albornoz?

Gijón y su actividad balnearia

Si bien es cierto que la tradición balnearia gijonesa comenzó en la antigua Playa de Pando, hoy reconvertida en el arenal que conforma la playa de Poniente, pronto las instalaciones fueron demolidas para crear en la playa de San Lorenzo una fortuna de ciudad balnearia.

Balneario de la Sultana

Comenzó su actividad en 1887 pero cesó en 1906, donde tras las obras para la ampliación del paseo del Muro se decidió derribar. Se ubicaba en el final de la calle Ezcurdia y quizás sea el menos conocido por propios y foráneos. Años más tarde se intentó recuperar la estructura pero fue la oposición de los vecinos la que tumbó, para siempre, este proyecto. Hoy en día, edificios de mínimo diez plantas, ensombrecen todo el paseo.

Balneario de La Sultana (foto: Arcú Atlánticu)

Balneario de La Favorita

Junto al balneario de Las Carolinas, es uno de los mas conocidos. Se ubicaba en la zona ocupada hoy en día por la Escalerona, auténtico momunento símbolo de la ciudad. Dividido en dos partes, abrió sus puertas en 1883 para ser derribado en 1913 para ser sustituido por una terraza de cemento. Durante los años en los que dio servicio, su terraza (la podéis ver en la imagen) hacía las delicias de los mas caudalosos gijoneses.

Balneario de La Favorita en primer término; detrás, Las Carolinas (foto: Arcu Atlánticu)

Las Carolinas: el pier gijonés

Si de algo tiene que estar orgullosa Gijón dentro de su historia de baños y mareas es, sin duda, el fantástico proyecto de Las Carolinas. Referencia de la época, fue construido inspirado en los piers ingleses y su estilo es inconfundible. Su tamaño tampoco era nada despreciable, con una anchura de casi cien metros y, como guinda del pastel, era el favorito por la sociedad burguesa de finales del siglo XIX y principios del XX.

Contaba con hasta 23 bañeras de mármol de Carraca, salón, restaurante donde se servía menú del día, y servicios como los baños medicinales o sulfurosos. El precio de una habitación para el baño de ola era de 25 céntimos mientras que si se incluía un baño sulfuroso alcanzaba la peseta y media. ¡Todo un lujo en aquella época!

Trabajaban entre veinte y veinticinco personas, tanto hombres como mujeres, y permanecía abierto durante todo el año.

Hoy en día, durante los duros días de temporal invernal, aún es posible ver los pilares del palafito. Es una pena, como opinión personal, que no se haya podido reproducir este fantástico edificio que, sin duda, hubiera cambiado la fachada marítima de Gijón para siempre en un entorno, ya de por sí, privilegiado.

Vistas desde las Termas Romanas hacia Las Carolinas (foto: Arcu Atlánticu)

La Cantábrica y las Perlas del Cantábrico: el proyecto que nunca llegó

Como si de una auténtica ciudad se tratase, el proyecto que se movía para la zona este de la península de Cimadevilla era la creación de una interconexión entre los balnearios que existían en aquella época a través de puentes y pasarelas. La idea, principalmente, era la unión de Las Carolinas con la extinta La Cantábrica.

El faraónico proyecto de La Cantábrica, hoy ocupado por el Club de Regatas (foto: Arcu Atlánticu)

Pero, ¿dónde estaba La Cantábrica? Pues detrás de la iglesia de San Pedro, donde hoy encontramos el Real Club de Regatas así restos de piscinas ganadas al mar que son nostalgia de lo que fue Gijón.

Lo más curioso de este balneario era su estructura, de dos plantas: en la superior los usuarios podían descansar y cambiarse en las casetas de baño mientras que, en el piso inferior, se ofrecían los tratamientos de talasoterapia.

Hoy en día, la escalera 0 del paseo, renombrada hace unos años como La Cantábrica es, precisamente, testigo mudo del ir y venir de visitantes que, sin tenerlo muy claro, buscan la tradición balnearia arrasada en Gijón.

¿Arrasada?

La Guerra Civil produjo estragos en todo el país y, por desgracia, Gijón no se quedaría al margen de este oscuro episodio de la historia, no tan lejana, española. Al margen de las víctimas, el horror de la propia guerra y la desolación, esta contienda supuso el derribo masivo de monumentos y edificios con un gran valor cultural y patrimonial. Entre ellos, por desgracia, estaban los balnearios gijoneses.

Se conservan fotografías de la época en el momento que quedaron arrasados, como podéis ver a continuación.

Destrucción de los balnearios de La Favorita y Las Carolinas en 1936 (foto: Museo del Pueblo de Asturias)

¡Qué pena!

Desde mi punto de vista, me parece incréible que un tipo de arquitectura tan peculiar y con tanta implicación por parte de todos los gijoneses haya sido despreciada, incluso después de ser vilmente destruida. Hoy en día Gijón no sería lo mismo si se conservase alguno de estos edificos y, como os digo, su fachada marítima sería bastante diferente. Sorprende que, ya entrados en el siglo XIX, apenas se conozca este pasado por no ser por diferentes blogs asociados o, como os digo, la exposición que tuve ocasión de ver gracias al Arcu Atlánticu.

Ya os dije muchas veces que Gijón, y en concreto su casco histórico, guarda muchos secretos que solo algunos conocemos y que, por supuesto, deberían ser más promocionados. En una época que parece que despreciamos lo propio (véase el bochornoso episodio de la Universidad Laboral), debemos cuidar nuestro patrimonio como sea. No seremos Brighton, pero lo fuimos. ¿Lo volveremos a ser?

Muelle de Brighton en la actualidad (foto: VisitBritain)

¿Os ha gustado esta nueva entrada? ¿Conocías este pasado de la villa de Gijón? Os leo, como siempre, en el apartado Comentarios que encontrareis mas abajo. Si visitas Gijón no te pierdas actividades como las que organiza el Botánico durante el verano o durante el período navideño. Si buscas restaurantes recomendados (no promocionados) echa un vistazo a mis entradas sobre Casa Carmen o La Iglesiona.

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