Mochila de Cromo

Barrio Rojo de Ámsterdam, el fin de una ¿tradición?

Los Países Bajos, y su capital, Ámsterdam, afrontan este año el primer toque de queda desde la II Guerra Mundial. Un hecho que ya no nos es tan aislado o extraño dadas las circunstancias que la tercera ola de la pandemia está dejando tanto en nuestro país como en el resto del mundo. El Barrio Rojo, cuna del libertinaje europeo, afronta sus peores días con un desplome a mínimos de turistas que afecta a todo tipo de negocios, incluyendo los polémicos prostíbulos. ¿Es este el fin del negocio de la prostitución y las drogas en la capital holandesa? Recoge tu Mochila de Cromo porque comenzamos…¡ya!

En un 2021 que parece que ha empezado fuerte, con una tercera ola que está creando el caos a lo largo y ancho de toda Europa (en parte, por la irresponsabilidad individual de todos y cada uno de nosotros), países tan liberales y concienzudos en los derechos sociales (aparentemente) como Países Bajos, se plantean como algo excepcional un toque de queda que, en nuestro país, ha venido para acompañarnos en los próximos meses. En unos Países Bajos que buscan nuevos modelos de turismo, más sostenible, familiar y concienciado, parece que la capital, Ámsterdam, ha dejado de ser la gallina de los huevos de oro.

Si las previsiones se cumplen, será este 2021 cuando, por fin, Países Bajos vuelva a acoger el festival Eurovisión (en 2020 se canceló por las circunstancias obvias). Lejos de obviedades, la delegación neerlandesa decidió que la sede fuese, de nuevo, Rotterdam, en un empeño por demostrar que Países Bajos, que Holanda, la tierra de los tulipanes es eso, mucho más que tulipanes, quesos, zancos y prostitutas en vitrinas.

¡Uy! Tema delicado este. La prostitución tiene su epicentro del deseo y la lujuria en el Barrio Rojo de la ciudad donde, cada año, miles de turistas se acercan a conocer de primera mano esa extraña combinación entre voyerismo y espectáculo. Cada noche, jóvenes de todo el continente disfrutan de los coffee shops, los bares donde es posible consumir drogas blandas de mil y un formas, así como de los diferentes bares temáticos de la zona, en pleno centro de la ciudad. Sex-shops, clubs de striptease, prostíbulos y hasta un museo dedicado al negocio más antiguo del mundo.

Aunque la tradición de la prostitución en Ámsterdam podría comenzar en el siglo XII, cuando los marineros llegaban al puerto y disfrutaban de los placeres carnales en las habitaciones de este barrio, apenas 200 vitrinas abiertas parecen ser un residuo de lo que fue Ámsterdam en su día. Turistas, curiosos, empresas de free tours, así como el propio ayuntamiento (la prostitución es legal) se benefician del negocio del sexo; una tajada que ya sacó, en su momento, la Iglesia dado que, como las relaciones fuera del matrimonio eran pecado, los marineros que cometían actos impuros necesitaban ir a confesarse, rezar y pagar veinte florines para recibir la absolución y volver a disfrutar de su vida de engaños; bella, sucia y cristianamente perfecta.

¿Quiere Ámsterdam continuar ligándose al turismo de drogas, sexo y borrachera?

La verdad es que cualquier ciudad que tenga un plan mínimamente serio en materia de promoción turística escaparía de estas etiquetas. Sin duda, Ámsterdam es mucho más que todo eso, con diferentes alternativas para todos los gustos y bolsillos, aunque no podemos negar que muchos jóvenes europeos aprovechan el libertinaje de esta ciudad para hacer y deshacer todo lo que no pueden en sus países de origen.

Esta especie de Las Vegas europeo parece no tener cabida en los nuevos modelos turísticos. La curiosidad va dejando paso al desagrado, las sonrisas pícaras a los ceños fruncidos y lo que antes era un reclamo ahora parece querer ocultarse. Si bien es cierto que las mujeres que allí se muestran pagan sus impuestos, tienen sus seguros sociales, realizan un trabajo legal y podrían compararse, perfectamente, con un cajero/a de supermercado, administrativo/a o dentista, es cierto que éticamente su labor parece cuestionable.

El ayuntamiento, que continúa beneficiándose de este tipo de trabajos, no oculta el miedo a que ciertos turistas comiencen a recelar de este tipo de turismo. ¿Su solución? Enviar los prostíbulos a zonas menos concurridas, a los barrios de la periferia, donde todo continuaría siendo totalmente legal y éticamente cuestionable, pero al menos, los turistas no lo verían. ¿Es esta la solución perfecta? Para el ayuntamiento y los vecinos, parece que sí. Me encantaría saber qué opinan esos vecinos sobre el tema.

Una reconversión necesaria

Sin duda, el área que comprende el Barrio Rojo es una suerte de gallina de los huevos de oro. En pleno casco histórico, con el reclamo de los puentes luminosos al atardecer sobre los canales, rodeado de los principales museos y galerías de la ciudad, siendo alguno de los más importantes del país y con espacios que invitaban al paseo (en un país donde hay más bicicletas que coches), la reconversión del Barrio Rojo debe ser, a mi juicio, un proceso inclusivo y global.

Al igual que el entorno de la estación central ha sufrido cambios, así como la zona al otro lado del río que atraviesa la ciudad donde destacan el EYE o el imponente rascacielos del hotel Sir Adam, el Barrio Rojo podría acercarse hacia un estilo más escandinavo donde las galerías de arte, cafés, espacios de co-working y empresas relacionadas con la comunicación, turismo y medioambiente encuentren espacios adecuados para proyectar y asentar sus negocios, dentro de las características casas estrechas de esta zona de la ciudad.

Estos cambios harían que tanto las prostitutas como los vecinos se vean beneficiados. Ellas pasarían a dejar de ser auténticos monos de feria que son molestadas y faltadas al respeto, siendo percibidas como que esas mujeres están ahí para reír las gracias de los borrachos de turno. Por contra, los vecinos ganarían en tranquilidad y seguridad, donde las peleas y disturbios relacionados con la prostitución caerían en picado. La propia alcaldesa de la ciudad reclama una solución conjunta para esta problemática, calificándola de inaceptable. Parece curiosa que tenga que ser una mujer la que de un paso al frente y tome una determinación acerca de este polémico asunto.

Sin duda, la prostitución no se puede evitar ya que es un problema endémico de nuestra sociedad donde, algunos (pocos, por suerte) creen en el negocio sexual. Ante la falta de escrúpulos de unos y la falta de miras de otros, quizás un gobierno consecuente con el espíritu e imagen de nueva Ámsterdam que se quiere lanzar al mundo entero consiga erradicar este reclamo por el que muchos llegan a la capital del país de los tulipanes. Es hora de apagar las vitrinas y escaparates de tonos rojos, morados y azules para dar paso a una luz blanca, radiante y ética, pareja a la sensibilidad actual de la mayor parte de la sociedad.

Y tú, ¿cómo crees que se podría tratar el fenómeno de la prostitución turística en el Barrio Rojo de la capital holandesa? ¿Estás a favor de que los negocios se lleven a otras partes de la ciudad?

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Si quieres conocer algo más sobre mi viaje a Holanda, aquí tienes:

Mi reseña sobre el hotel- estudio de rock donde nos hospedamos

– Mi experiencia en el mayor botánico de tulipanes del mundo

-La agradable excursión de un día por las Tierras del Agua holandesas, con parada en Edam y el pueblecito de los molinos tradicionales desde Ámsterdam. ¡No te lo pierdas!

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