Mochila de Cromo

Balneario de La Hermida: el glamour de los balnearios de antaño

Paredes de roca caliza a nuestro alrededor, el río Deva a mano izquierda parece saludarnos tímidamente, una sinuosa carretera y, de pronto, el Balneario. Una pasarela sobre el río para acceder al imponente edificio que alberga las aguas termales de La Hermida. Un hermoso paraje que recuerda a los balnearios de finales del siglo XIX. ¿Quieres conocer más? Recoge tu Mochila de Cromo porque comenzamos…¡ya!

Y es que el Desfiladero de la Hermida ya merece una visita per se. Las elevadas paredes de piedra caliza, con planos de hasta 600 metros, parecen cobijarnos a lo largo de los doce kilómetros que separan el comienzo del desfiladero, en la parte asturiana, hasta el propio balneario. Su carretera, aunque en un primer momento pueda parecer peligrosa, es perfecta para quienes disfrutamos del slow-travel, admirando la belleza de nuestro entorno y mimetizándonos con él. Con razón es una de las diez mejores carreteras para el disfrute de moteros. ¿Sabías que es el Desfiladero de La Hermida es el más largo de toda España?

A la sombra del macizo de Ándara, la parte oriental de los Picos de Europa, nos encontramos con el coqueto pueblo de La Hermida. Tras atravesar la población, vemos un imponente edificio que recuerda a los balnearios más señoriales de finales del siglo XIX. Y es que parece que, una vez dentro, el tiempo se detiene.

El lujo de antaño con la máxima seguridad de la actualidad

En estos tiempos extraños, parece que viajar se puede volver una desagradable pesadilla si no se toman las medidas preventivas adecuadas; pero eso no es problema en el Balneario de La Hermida. No os miento si os digo que es la primera vez desde que comenzó la pandemia que, en un establecimiento, nos han tomado la temperatura nada más llegar. Pero no es la única medida del protocolo COVID del que dispone el hotel: el acceso cuenta con un arco desinfectante, así como alfombras húmedas desinfectantes para nuestros zapatos. A lo largo y ancho de todo el hotel, y en la propia zona de aguas, existen puestos de desinfección con gel hidroalcohólico.

Nada más llegar, Alberto, su director, nos esperaba con una sonrisa. Nos comentó un poco lo que veríamos y nos acompañó hasta la zona del balneario donde continuamos de la mano de Mari Luz. A pesar de la mascarilla, Mari Luz desprende un aura de profesionalidad y una cercanía que es difícil encontrar en otros establecimientos. Nos entregó los albornoces, el gorro obligatorio así como las indicaciones propias del balneario, y nos esperó una vez estábamos listos, tras cambiarnos en los vestuarios.

Comentaros que estos, actualmente, no disponen de servicio de duchas para mantener la higiene y seguridad de los clientes. En cambio, los servicios están abiertos, disponéis de enormes taquillas para dejar vuestras pertenencias y también de secador. Por cierto, las chanclas son obligatorias.

De la “Hervida” a La Hermida

Desde el Tratado completo de las fuentes minerales de España, que data de 1853, se conocían las propiedades curativas y analgésicas de las aguas de esta zona que brotaban a 60ºC. Aunque ya en tiempos de los monjes benedictinos del Monasterio de Liébana, en el siglo XVIII, hacían uso de las aguas de La Hermida por sus propiedades medicinales.

Es curioso que las formaciones geológicas del entorno destacan por arcillas con elevada concentración de hierro, sobre las capas de roca caliza. Pues bien, las aguas del Balneario de la Hermida, en realidad, no llevan hierro en su composición. ¿La razón? El manantial no se nutre de agua procedente de Liébana o la parte alta del valle (sería lo más lógico, ¿verdad?); tampoco de las láminas rocosas de Bejes o Tresviso. En realidad, se trata de un fenómeno que hace que las aguas del valle de Peñamellera, en Asturias, broten cauce arriba hasta topar con la frontera natural del desfiladero, impermeable, dotando al balneario de un chorro inagotable que emana a 60ºC.

Fue en 1842 cuando, tras años con un rudimentario baño termal, comenzó a construirse lo que hoy conocemos como el Balneario de La Hermida. En 1881 se inaugura una renovada hospedería, con parque, ermita y un edificio donde el agua podía ser embotellada. Ese aire elegante y señorial, que nos recuerda a los grandes balnearios europeos, se conserva hoy en día.

Y es que, los caprichos caminos del destino, hicieron que las instalaciones quedaran olvidadas desde 1936 hasta 2006, año en el que comienza la rehabilitación de espacios dando lugar a lo que hoy conocemos: un espacio moderno, con aires nostálgicos de épocas donde el termalismo era un auténtico lujo, con un recinto termal funcional y donde el agua adquiere una nueva dimensión.

Uno de los mejores balnearios donde hemos estado

Como veis, no escribo spa. Aquí se utilizan las propiedades minero-medicinales, de naturaleza cloruro sódica, con una mineralización fuerte.

Una vez hemos bajado, María Jesús nos explica cómo aprovechar al máximo los beneficios de estas aguas. Primero, debemos desinfectar nuestras chanclas en unas duchas en la parte derecha del acceso, y de ahí, pasaremos a la piscina dinámica.

Durante unos cuarenta minutos, tenemos tiempo para relajarnos en las camas de agua, los bancos de burbujas y disfrutar de los cuellos de cisne. No es necesario presionar ningún botón ya que los diferentes dispositivos se mantienen activos durante toda la sesión. A este placer debemos unir el hecho de poder disfrutar del sol desde las camas, ya que cuenta con un techo acristalado que nos permite observar la naturaleza del desfiladero y las cumbres que lo rodean.

Desde la piscina dinámica podemos acceder a lo que, para mí, es uno de los rincones con más encanto: una piscina exterior que recibe el agua de una caudalosa cascada procedente del manantial. No me puedo imaginar el placer de poder sentir, durante los meses más fríos, en pleno otoño o invierno, el acogedor calor de las aguas hipertermales mientras a nuestro alrededor llueve o caen algunos escurridizos copos de nieve. ¿A qué vosotros también queréis vivir esa experiencia?

El baño de la Hermida, un espacio exclusivo

La zona termal cuenta con un pediluvio de aguas frías y calientes para provocar contraste térmico, sauna húmeda (baño turco) así como sauna seca, con cristalera, para poder ver el exterior. Pero, sin duda, otro de los aspectos a destacar es la zona del denominado Baño de La Hermida: una piscina donde el agua se encuentra a 40ºC, procedente del manantial, y donde podemos disfrutar de un baño relajante mientras inhalamos los vapores de las aguas termales. Anexo a ello se encuentra una sala con unas butacas para descansar, en plena humedad provocada por los vapores, y con un simpático caldero con el que podemos tocar las aguas del manantial, bajo nuestros pies. ¡Cuidado que están realmente calientes!

¿Cuánto hace que no descansas de verdad?

Creedme si os digo que los, aproximadamente, 90 minutos de sesión se hacen cortos. La limpieza de las instalaciones, el cuidado y el mimo con el que se ve que hacen las cosas, el fantástico personal del hotel y un entorno envidiable harán que vuestra escapada se haga corta. Además, cuenta con varias salas donde se ofrecen masajes de diversa naturaleza, también para parejas o grupos. Las instalaciones del hotel se completan con una piscina exterior, exclusiva para huéspedes, restaurante y una cafetería, con preciosas vistas panorámicas. Si quieres hacer una reserva, te dejo el enlace a la web oficial del Balneario, así como su Facebook e Instagram.

Agradecer tanto a Alberto, el director del hotel, como a su fantástico equipo, el haber podido establecer esta colaboración. Estamos muy agradecidos de haber podido descubrir las instalaciones de primera mano, así como ver que este balneario, con un pasado tan vivo, se ha recuperado y es, sin duda, un polo de atracción turística en una zona que, ya de por sí, ofrece muchísimas alternativas. Citando a Napoleón, aquí en La Hermida el agua, el aire y la naturaleza son nuestra farmacia.

Si deseas establecer una colaboración con el blog, no dudes en ponerte en contacto con nosotros haciendo click aquí, o bien a través de nuestras redes sociales. Fotografía: Guillermo Álvarez.

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