Lübeck, todo lo que necesitas saber | LUGARES CON ENCANTO

Muy cerca de Hamburgo, la segunda ciudad más grande de Alemania, nos encontramos con esta pequeña villa que fue, hace años, capital de la Liga Hanseática. ¿Quieres saber qué puedes visitar? ¿Cómo llegar desde Hamburgo? ¿Merece la pena? Recoge tu Mochila de Cromo porque comenzamos… ¡ya!

¿Cómo llegar desde Hamburgo?

La forma más rápida y eficiente, aunque no la más barata, es utilizar el servicio cercanías/regional de trenes. Alemania puede estar orgullosa de muchas cosas pero, sin duda, el servicio de trenes es una de ellas. Desde la propia estación central de Hamburgo parten los trenes, semidirectos, hacia Lübeck prácticamente cada media hora.

Lo único que necesitas es, una vez estés en la estación central, comprar un billete destino Lübeck (puedes hacer toda la compra en español ya que las máquinas ofrecen el servicio en varios idiomas) y pagar los 15€, solo ida, que cuesta el billete. No lo voy a negar, un billete ida y vuelta son 30€ y me parece bastante caro porque, en realidad, no hay tanta distancia desde Hamburgo. Creo, sinceramente, que el precio tan elevado se debe a la popularidad del destino y a la falta de alternativas (excepto algún autobus) para llegar hasta ahí así como la falta de propuestas culturales interesantes para el público en general en Hamburgo.

Una vez en el andén, verás que llega un enorme tren de dos pisos. Si no queréis que una “simpática” revisora germana os diga de forma poco amable que bajéis, no subáis a la parte de arriba. Aunque con asientos más cómodos y mayor espacio, la parte alta del tren es de primera clase y todos los billetes que se compran, de forma predeterminada, son para segunda clase. No hay diferencias, más allá de la cantidad de gente que viaja en una clase u otra, entre las dos alturas pero lo cierto es que la educación de los revisores del tren,  visto lo visto, deja bastante que desear.

En poco más de media hora estaréis en la estación de Lübeck, cuyas características torres de tejado verde os darán la bienvenida al fondo. Llegar desde la estación hasta el propio centro no tiene ninguna pérdida por dos motivos: puedes seguir a la masa de turistas (todos vamos hacia allá) y porque, en realidad, la estación está ubicada justo en frente de la antigua puerta de entrada a la ciudad (y uno de los lugares más fotografiados de la ciudad).

Y una vez allí, ¿qué puedo hacer o visitar?

Esta en la capital de la Hansa, o Liga Hanseática, por lo que lugares históricos así como museos e iglesias no te van a faltar para visitar. Capital de la Liga, comenzó un declive durante el siglo XV y, durante el régimen nazi, fue brutalmente bombardeada. Aún así, se ha reconstruido a la perfección, dotándola de nuevo de un ambiente bohemio que te recordará a ciudades como Ámsterdam, Brujas o Estocolmo. No descartes, además, un agradable paseo por todo el casco histórico (rodeado por un bonito canal) y perderte entre sus callejuelas… es tan diferente a Hamburgo que parecerá que estás en otro país.

Calle principal de Lübeck (foto propia)

Puedes comenzar por la Puerta de Holsten, uno de los símbolos sin duda de la ciudad. Aquí se alzaba la muralla que protegía la ciudad medieval y es una de las puertas que aún se conserva en pie. Fíjate bien ya que tiene algo en común con la Torre de Pisa: parece que se va a caer en cualquier momento. Justo delante tenéis un agradable parque donde tomar fotos y también, a mano derecha nada más llegar a la ciudad, os encontraréis con la oficina de turismo de Lübeck.

Tras pasar la puerta, veréis a mano derecha unos singulares edificios muy similares al puerto de Bregen; es el Salzspeicher, es decir, los antiguos almacenes de sal. Hoy en día, la sal ha dado paso varias boutiques y restaurantes a este lado del canal pero, sin duda, es otra de las estampas que no os podéis perder de la ciudad.

Puerta de Holsten (foto propia)

En mi caso, no hice mucho caso de otros blogs de viaje que había leído y decidí aventurarme a conocer la ciudad a riesgo de perderme alguna cosa aunque, ya os adelanto, ha sido la mejor decisión. He podido conocer todos los monumentos que me interesaban así como entrar en algunas iglesias y, a la vez, descubrir una parte de Lübeck totalmente fuera de las guías y blogs.

Para ello, lo que te aconsejo es que continues por la calle principal que se dirige hacia la zona del ayuntamiento. No tiene pérdida ya que, una vez dejas a mano derecha los almacenes de sal, solo debes tomar la cuesta que va hacia arriba. Tienes por la zona, además, diferentes cafés y tiendas por si el tiempo no acompaña (no os olvideis el paraguas, en Lübeck a primeros de septiembre el tiempo está realmente loco). Desde aquí puedes dirigirte hacia la plaza del mercado (también del ayuntamiento), que destaca por su estructura en ladrillo negro y construido en varias fases. Es un edificio muy bonito que no os dejará indiferentes. Si tenéis suerte, habrá mercado en la plaza por lo que puede ser una buena oportunidad para comprar quesos o embutido de la zona a buen precio.

Al salir por unos de los pórticos nos hemos topado con la Marienkicher, una iglesia construido por el gremio de mercaderes que compitió, en su momento, por ser el edificio más alto, más allá de la catedral (de la que os hablaré luego). La visita a esta iglesia no es gratuita y, aunque en su interior guarda joyas como el órgano, decidimos hacernos una foto con el diablo que está esperando, con sonrisa burlona, en la fachada lateral.

Sí, has leído bien. Dice la leyenda que cuando se construyó Marienkicher, el mismísimo diablo se personó para ver cómo iban las obras, pensando que iban a construir una taberna, ayudando en todo lo posible para que la iglesia se construyese lo más pronto posible para pervertir las almas de los futuros clientes del local. Al enterarse, decidió derribar el edificio con una enorme vara pero los feligreses, con tal de evitarlo, prometieron al diablo que abrirían una taberna justo al lado de la iglesia de Santa María. A día de hoy, existe un bar en los alrededores dedicado al diablo y una figura de bronce donde descansa este, ubicada en la que se cree que fue la viga con la quiso derribarlo todo. Sin duda una leyenda más que interesante.

Y decías que lo mejor era perderse por la ciudad…

Sí. Después de la foto junto al diablo de Lübeck quedaba un rato hasta la hora de la comida por lo que decidimos investigar la ciudad más allá de las tres o cuatro calles que componen el centro más turístico. La sorpresa fue mayúscula al encontrar casitas idénticas a las de Ámsterdam por toda la zona, de diferentes colores y con patios cargados de flores y bicicletas. Caminando descubrimos también casitas con una arquitectura mucho más típicas de la Alemania del sur, así como calles semipeatonales donde se cobijan casas de cuento entre frondosos árboles. Metros más allá volvemos a encontrarnos en la calle principal de Lübeck.

En esta parte, la zona más al norte del casco histórico, os podréis topar con otra de las antiguas puertas de entrada a la ciudad así como con el Hospital de Heiligen-Geist. Este es otro edificio de ladrillo rojizo, antiguo hospital que daba cobijo a los habitantes más pobres de la ciudad y que data del siglo XII. La entrada es gratuita y merece la pena echar un vistazo a sus pinturas e interior.

Un paseo hasta el canal

Una vez aquí, decidimos parar a comer algo en una cadena de comida rápida. No voy a negar que me encanta la gastronomía alemana pero es cierto que no me apetecía buscar algún restaurante bueno, bonito y barato de comida local por lo que preferimos ir a sitio seguro.

Recorriendo de nuevo el casco histórico no dejes de visitar la tienda, junto al ayuntamiento, de Niederegger. Tiene una tienda enorme con multitud de variedades de dulces entre los que destaca el mazapán. ¿Has dicho mazapán? Pues sí, podríamos afirmar que Lübeck es la Toledo del norte de Europa: tiene denominación geográfica protegida desde 1996, con unos requisitos que no permiten que más del 30% del dulce sea azúcar. Eso le confiere muchísima calidad.

Skyline de Lübeck (foto propia)

Si has pecado con algún dulce, lo mejor es que te dirijas dirección a la catedral de Lübeck. Este edificio, en sintonía con el resto de la ciudad, destaca como uno de los más altos con su característico ladrillo rojo y techo verdoso de cobre. Fue destruida parcialmente en 1942 y recuperada, por completo, en 1982. Su interior no es tan bonito como el exterior pero se puede visitar de forma gratuita.

De aquí solo nos queda dirigirnos de nuevo hacia la estación no sin antes pasear por su canal que desemboca en la Puerta de Holsten. Veremos de nuevo los almacenes de sal mientras disfrutamos de un agradable paseo a la orilla del canal rodeados de patos y con multitud de cafés y restaurantes donde hacer una pausa.

Toca volver…

Es hora de volver a casa que, en nuestro caso, era Hamburgo. Lübeck perfectamente se puede ver en solo un día, pateando bastante aunque sin tener que ir al galope. Como os dije al principio, lo mejor es perderse por la ciudad sin seguir un itinerario concreto ya que todo lo interesante está en el interior del anillo circundado por el canal de la ciudad. Si tienes más tiempo, puede ser interesante pasar una noche en la ciudad ya que de noche, con la iluminación, se debe ver muy bonito. No me quiero imaginar cómo será el pueblo en la época navideña pero, seguro, es espectacular y muy hygge como dirían los daneses. La oferta, en todo caso, de hoteles en Lübeck es amplia y para todo tipo de perfiles.

Callejeando por Lübeck (foto propia)

Y tú, ¿conocías la capital del mazapán alemán? ¿habías oído hablar de la Hansa? ¿te gustaría que lo explicara más concretamente en próximos posts? Déjame tu opinión en el apartado Comentarios que encontrarás más abajo

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¡Nos leemos!

 

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