Isla de La Toja, ¿el paraíso decadente? | OPINIÓN

Hoy quiero dejaros una entrada un poco diferente a lo que viene siendo habitual dentro de mis opiniones sobre hoteles, restaurantes y lugares con encanto que tengo la suerte de conocer. Hoy, en cambio, quiero dar mi opinión sobre lo que en su momento fue la gallina de los huevos de oro del turismo gallego: la Isla de La Toja. ¿Quieres saber cómo se encuentra actualmente? ¿Sigue siendo polo de las grandes fortunas españolas y europeas? Recoge tu Mochila de Cromo porque comenzamos… ¡ya!

¿Dónde nace todo?

La Isla de la Toja es famosa en todo el panorama nacional como lugar paradisíaco, protegido en la ría de Arousa, donde las élites gallegas (principalmente) y españolas veraneaban en sus lujosos hoteles y villas. La Toja también es sinónimo de jabón, el que todos hemos tenido en el cuarto de baño de color rosado y aroma característico. Pero, ¿cómo se llegó a eso?

Cuenta la leyenda que el poder curativo de las aguas mineromedicinales se descubrió por pura serendipia. Un labriego tenía un burro, que estaba malherido y bastante afectado por problemas cutáneos. Al no poder hacerse cargo del pobre animal, decidió abandonarlo a su suerte en la isla, con la intención de volver al tiempo para confirmar que había fallecido. Su sorpresa fue que, pasado ese tiempo, el burro no solo vivía sino que estaba completamente curado de sus heridas. ¿Milagro? Más bien el poder de las aguas termales, las cuales sabemos hoy en día que son ricas en magnesio, calcio y hierro, entre otros elementos, y que brotan del manantial a una temperatura entre 35 y 65 grados.

El hotel fue construido a principios del siglo XX inspirándose en las señoriales casas de baño europeas y, tras servir como hospital durante la Guerra Civil, pasó a ser emblema de un turismo lujoso (y quizás excesivo) que dio fama a las Rías Baixas durante los años setenta y ochenta. En esa época de esplendor, mientras empresarios y aristócratas disfrutaban de partidas de golf y sesiones termales, media costa gallega sucumbía a la cocaína y heroína de la forma más despiada. Dos realidades solo separadas por un puente de blanco neutro.

Poco a poco, y tras años de zozobra, el complejo La Toja pasó a manos de Hotusa que, entre sus principales activos, cuenta con la cadena de hoteles de lujo Eurostars.

isla-toxa
Foto: Faro de Vigo

¿Cómo es la situación hoy en día?

He estado en esta isla en dos ocasiones, en veranos consecutivos. Siempre había oído hablar de La Toja como un gran resort con todo tipo de comodidades y destinado a un público selecto: el hospedarse en La Toja era sinónimo de poder y dinero, mucho dinero.11

Con mucha curiosidad, decidí visitar este enclave. Para mi sorpresa, el glamour de hace unas décadas vive maltrechamente con una decadencia que reina el lugar. La mitad de los apartamentos permanecen cerrados o con algún cartel de se alquila, mientras carteles de promociones futuras miran a la ría de Arousa con resignación. La misma con la que un trenecito recorre el apenas kilómetro cuadrado que ocupa la isla y que solo se ve perturbado por los paseos en bici con remolque de algún turista que, esperanzado con encontrarse otra realidad, usa este medio de transporte para conocer la isla.

A lo largo del paseo, con unas vistas espectaculares, las vendedoras de conchas y pulseras parecen rezar una mantra pidiendo que te acerques. Al margen de la anécdota da hasta pena ver cómo mujeres que seguramente han pasado toda su vida en la ría (un mundo que para nada es fácil) tienen hoy en día que ganarse cuatro perras gracias a alguna turista que decida comprarse una pulsera de conchas. ¿Lo más incompresible? Toda la bisutería que venden (a excepción de unas pulseras concretas) no está hecha por ellas, como una de ellas me ha comentado.16

La parte de atrás del Gran Hotel, donde en su momento estaba el magnífico casino de La Toja malvive hoy rodeado de cubos de reciclaje y el ruido de las piscinas exteriores del hotel. No hay movimiento, solo algún turista desperdigado que parece querer encontrar la fantasía que fue la isla en los 70… pero no la encontrará.

Un poco decepcionado me dirijo a la tienda-museo del balneario. Estaba muy interesado en conocer la historia detrás de los jabones y, si podía, comprar algún recuerdo. Pero parecía que las decepciones debían sumarse.

La tienda-museo apenas es un local con una fuente en su interior donde mana agua (no termal) y que está prohibido tomar. La exposición se completa con una muestra muy vaga y sencilla sobre cómo se fabrican los jabones, así como alguna fotografía que muestra los inicios de la fábrica de jabones y cosméticos a principios del siglo XX. Al fondo, uno espera encontrar artículos de La Toja pero para sorpresa del visitante (que ya parece no poder sorprenderse a peor) se encuentra con solo un estante con la gama exclusiva (aguas frescas para hombre y mujer) del balneario mientras se ve rodeado de geles de ducha que puede encontrar en cualquier superficie comercial (incluso algunos productos hechos fuera de España). Cosas de la globalización pensará uno.22

Una última vuelta hacia el coche confirma la idea que mantengo sobre este lugar. No niego que La Toja tiene potencial suficiente para resurgir de sus cenizas y volver a recuperar todo el esplendor y el glamour de los años 70 y 80. Hoy en día el turismo ha cambiado y se ha enfocado a las experiencias pero, de sobra, La Toja puede potenciar las características del lugar y, más aún, teniendo el respaldo de la cadena Eurostars. La construcción de un pequeño embarcadero exclusivo con acceso directo al hotel podría ser uno de esos alicientes que motiven que el hotel de cinco estrellas se convierta en un paraje donde prima la exclusividad.

Por otro lado, y supongo que esto es responsabilidad municipal, el entorno del paseo una vez pasas el hotel de cinco estrellas y te diriges a la iglesia de conchas así como al hotel de cuatro estrellas está francamente dejada, sobresaliendo las malas hierbas por encima de las esculturas a modo de jarrón que son icono de la isla. Tampoco ayuda tener la fábrica de aguas completamente abandonada ya que da al lugar un aspecto sucio y totalmente desvirtuado. Asimismo, la insistencia de las señoras vendedoras de conchas, casi desesperada en algún momento, alienta la sensación de necesidad de una zona que, por suerte, tiene enclaves privilegiados para explotar: ya sea la propia isla o, por ejemplo, el entorno de A Lanzada así como San Vicente.25

Espero que el comienzo de la nueva década devuelva a la isla de La Toja el ambiente exclusivo que tuvo en su momento y permita mejorar la economía de la zona.

¿Te ha gustado esta entrada algo diferente? ¿Compartes mi opinión sobre La Toja hoy en día? Déjame tu punto de vista en el apartado Comentarios que encontrarás más abajo.

Recuerda que las opiniones aquí vertidas son fruto de experiencias propias y, en ningún caso, objeto de promoción. Dado que el blog no tiene financiación externa, si estás pensado en realizar una escapada o quieres reservar un alojamiento con 15€ de descuento te dejo el enlace a mi código descuento en Booking con el que tú consigues esos 15€ de descuento y contribuyes al mantenimiento del blog. ¡Así de fácil!

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